Y al igual que Köppen, su alter ego en la novela, Adolf Reisiger, voluntario de 21 años, será testigo y parte activa de aquel conflicto de principio a fin, participando, como miembro de un Regimiento de Artillería de Campaña, en batallas cruciales como la del Somme (más de un millón de bajas entre los dos bandos) o la del Maine de 1918, y sufriendo tanto una impresionante carga de caballería aliada, como la destrucción completa de su propia Compañía. Y de fondo, aun en los pocos momentos de calma, el retumbar de los cañones en la lejanía, como un trueno constante. Pero desde las trincheras alemanas también se asistió al estreno de dos nuevas armas letales: una el gas, cuyos efectos puede comprobar Reisiger mientras atraviesa un silencioso y muerto bosque con su máscara, y la otra el tanque, ingenio británico aun por desarrollar, pero cuya aparición supuso una nueva carga para la sufrida infantería. De esa forma, el ascenso de Reisiger en el escalafón no puede dejar de ir en paralelo a su progresivo desengaño, si, además, se ve inmerso en escenas de confraternización entre alemanes y rusos en el Frente Oriental, en las que, al salir de las trincheras, “los ‘enemigos’ se han convertido de repente en seres humanos”; e incluso su toma de conciencia le puede hacer compartir el texto de un panfleto lanzado desde aviones franceses en el que se pregunta: “¿cuándo vamos a concluir esta eterna matanza por la megalomanía de los Hohenzollern y de algunos grandes ricachones?”. Especialmente reveladores son, por otra parte, los textos que Köppen va intercalando en la narración: noticias de prensa, anuncios comerciales, mezcla de patriotismo y negocio, transcripciones de intervenciones parlamentarias y de mensajes radiofónicos, así como una variedad de comunicados militares como el del Ministerio de la Guerra que alerta sobre “tendencias pacifistas de fraternidad universal que exigen intensa vigilancia”, o los del Departamento Superior de Censura dirigidos a evitar cualquier alteración del proceso alienante requerido por la guerra, o el simple cuestionamiento de la bondad de la misma. Descarnada descripción de las vivencias de un joven combatiente en la 1ª guerra mundial. Es, en definitiva, un alegato antibelicista
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Resumen
Publicada por primera vez en 1930, durante el final de la República de Weimar y poco antes de la llegada de los nazis al poder, Parte de guerra es una novela impactante y uno de los alegatos antibelicistas más contundentes jamás escrito. El joven estudiante Adolf Reisiger se alista, nada más comenzar la Primera Guerra Mundial, como voluntario en un regimiento de artillería y es destinado al frente, donde padece en primera persona los horrores y atrocidades de la primera guerra moderna. El entusiasmo inicial del joven soldado Reisiger se convierte muy pronto en angustia y en una profunda aversión hacia la estupidez humana y el sinsentido de toda experiencia bélica. Heroísmo, abnegación y victoria son solo palabras vacías, detrás de las cuales se esconde solamente la ciega, brutal e insensata obligación de «acatar la orden de matar». Uno de los grandes hallazgos de Köppen al escribir esta novela fue la de servirse, siguiendo la estela de autores como Alfred Döblin y John Dos Passos, de la técnica del montaje para intercalar decretos oficiales, artículos de prensa y anuncios de la época a la narración de sus experiencias en el frente. Prohibida por los nazis, olvidada durante largo tiempo en Alemania e inédita en España, esta novela ha sido juzgada por la crítica contemporánea como una de las mejores narraciones sobre la Gran Guerra.
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