«No nos hemos preparado y ahora estamos a merced del viento». Esta frase de la novela resume a la perfección el escenario en el que se desarrolla Orden desordenado, la tercera y última entrega de la trilogía de Asier Olaizola Bermejo, iniciada con Un instante y continuada con (In)esperado.
Han pasado más de quince años desde los acontecimientos narrados en (In)esperado. El cambio climático ha provocado una sucesión de catástrofes, la subida del nivel del mar y los incendios forestales han hecho desaparecer parte del mundo que conocíamos. La tecnología ha ido ocupando cada vez más espacios de la vida cotidiana: las experiencias virtuales sustituyen a las reales, los drones copan el paisaje y la inteligencia artificial interviene en todas las decisiones transcendentales, afectando a todos los ámbitos de la sociedad.
En este futuro casi apocalíptico vuelve a aparecer Cannes, el lugar donde las vidas de los protagonistas cambiaron en las dos novelas anteriores. El Festival se prepara para una nueva edición; Carlos estrena allí una nueva película. Su imagen vuelve a inundar la ciudad y el gran éxito que siempre había perseguido parece haberse convertido, finalmente, en una realidad.
Pero esta vez hay algo diferente: Carlos murió quince años atrás, durante la pandemia. Sus derechos de imagen fueron cedidos a la productora, que aprovechó la ausencia de una legislación específica para crear mediante IA un modelo virtual del actor y continuar explotando su imagen. Así, Carlos sigue apareciendo en películas y campañas publicitarias, aunque el personaje que el público contempla no es el hombre que fue.
Para hacer frente a esta versión digitalizada de Carlos, James, Sara, Enrique y Kate presentan en el Festival un documental sobre el verdadero Carlos Urkia. Un trabajo muy personal que pretende recuperar sus pensamientos, sus valores y su manera de entender la vida. Las intenciones de su viudo y amigos incluyen un plan que les permitirá recuperar el presente y el futuro, porque, de un modo u otro, continúa condicionando a quienes lo conocieron. Aunque sus planes se van a complicar mucho.
Este conflicto permite al autor plantear una de las cuestiones más interesantes de la novela: qué ocurre cuando la tecnología permite que la imagen de una persona sobreviva a la propia persona y pueda utilizarse para representar ideas que nunca defendió. Frente al Carlos virtual construido y explotado por la industria cinematográfica, se hace necesario recuperar al Carlos real y aquello que verdaderamente quiso transmitir.
Como en las entregas anteriores, Olaizola apuesta por una estructura ágil, con capítulos breves y titulados, abundantes diálogos y un ritmo marcado por la acción. Los fragmentos correspondientes al documental se intercalan con la narración y ofrecen una perspectiva diferente sobre el personaje de Carlos, al tiempo que contribuyen a construir el contraste entre la persona y su representación digital.
Orden desordenado mantiene asimismo el carácter comprometido de la trilogía y pone sobre la mesa cuestiones como la negación del cambio climático, la despersonalización derivada de una tecnología sin límites ni regulación, la violencia, la homofobia o la búsqueda de riqueza por encima de cualquier consideración ética. Todo ello se integra en una historia que vuelve a combinar acción, cine, relaciones personales y una reflexión sobre el mundo que estamos construyendo.
Con esta novela, Asier Olaizola Bermejo cierra una trilogía desarrollada en un periodo relativamente breve, algo que los lectores que han acompañado a sus personajes agradecerán especialmente. Orden desordenado recupera así a Carlos, Sara y James para llevarlos hasta un futuro muy diferente de aquel en el que los conocimos y plantear, a través de ellos, una pregunta que quizá no resulte tan futurista como podría parecer: ¿hasta dónde estamos dispuestos a dejar que la tecnología decida qué hace con nosotros? (Inma Muñoz, 9 de septiembre de 2026)
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