LA NIÑA QUE JUGABA A SER DIOS

LA NIÑA QUE JUGABA A SER DIOS LUNGU, DAN

Portada de LA NIÑA QUE JUGABA A SER DIOS
Nota media 9 Excelente 1 voto 1 críticas

Resumen

Con el fin de mejorar la comprometida situación económica de su familia, Letitia emprende un viaje a Italia en busca de trabajo, y deja en Rumanía a la pequeña Radita, su hija, quien sufre especialmente la separación de su madre.Lo que, en principio, iba a ser una solución provisional, comienza a alargarse en el tiempo, y Radita se ve obligada a suplir esa ausencia con toda la fuerza de su imaginación, en un intento por comprender un entorno que no entiende. Letitia, por su parte, soporta las dificultades de su nueva vida, lejos de su familia, y centra en el trabajo todas sus energías, con la esperanza de un regreso próximo. A lo largo de la novela, madre e hija tomarán alternativamente la voz de la narración, presentando así al lector la verdad de un fenómeno que ha marcado profundamente a la sociedad rumana poscomunista.Una historia emocionante y sorprendente, no exenta de humor, sobre la emigración y el desarraigo, y una lectura valiosa por cuanto que nos muestra una realidad con la que convivimos cada día y nos ayuda a entender mejor el desquiciado mundo que habitamos.

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1 Críticas de los lectores

No ha podido gustarme más. Dan Lungu disecciona con bisturí de cirujano la emigración de la Rumanía postcomunista. Lo que lo hace diferente a otros libros sobre el tema, desde mi punto de vista, es que muestra la realidad no solo del que se va, sino también del que se queda. Alternativamente, se van sucediendo las voces de Letitia, la madre de familia que tiene que emigrar a Italia, y la de Radita, la niña que se queda al cuidado de su padre y abuelos junto con su hermana mayor. El autor plasma con gran acierto el dolor de Radita por la ausencia de su madre, el cual enmascara con juegos e imaginación, la voz infantil de la niña está muy conseguida. Por otro lado, Letitia nos cuenta su día a día como cuidadora de una anciana en una familia romana burguesa, y los malabares que debe hacer desde la distancia para equilibrar a los suyos y evitar que su marcha suponga una hecatombe en el núcleo familiar. Su punto fuerte es que consigues empatizar con los personajes y sentir el peso de ser extranjero e incomprendido. Refleja muy bien cuántos prejuicios tenemos por desconocimiento y cómo se vive la ausencia. Sin embargo, aunque parezca triste por la realidad que narra, no está exento de humor e ironía. En muchos momentos descubres que estás leyendo con una sonrisa. Además de las ocurrencias de la pequeña Radita, hay un sinfín de personajes secundarios , como los abuelos, el tío Miron o Laura, la amiga rumana de Letitia en Italia, que con una tremenda verborrea y sus disparatadas historias, te mantienen pegado a las páginas. Y así te vas preguntando cómo acabará la historia... El final es abrupto e inesperado (aunque a posteriori piensas que quizás había señales, ya que hay cosas que chirrían en esa familia) y te deja un regusto amargo. Es por ello que me cuesta ponerle un 10 y he bajado su nota a un 9, pues me ha dejado un tanto descolocada. Bien es cierto que, después de unos días y de darle vueltas, pienso que Dan Lungu nos quiere contar aquí otra problemática de la emigración: el que se va para dar una vida mejor a los suyos, no sabe realmente qué sucede en su hogar a miles de kilómetros.

hace 7 horas