Armando cuaresma no se reconoce en el espejo. su cara no ha cambiado. ¿qué ha cambiado entonces? atascado en su búsqueda intelectual racionalista, se da a las lecturas esotéricas, y, como un moderno quijano, se adentra en un nuevo plano de la realidad. el desasosiego empuja a nuestro personaje a un viaje sin rumbo, en busca de sí mismo, que le lleva al encuentro con los habitantes más significativos de su conciencia: un dudoso mendigo que no pide limosna, vagabundo sedentario y escritor de misteriosos papeles, y una joven de sonrisa serena. ambos custodiarán las transformaciones de nuestro protagonista. sumergido en su memoria, armando llegará a recordar el futuro.