Un libro que se debería rescatar y analizar detenidamente. Como novela es un poco densa, ya que habría que leer la obra como un ensayo divulgativo. El autor se imagina una utopía donde la humanidad ha conseguido resolver los grandes males de partida (del siglo XIX). Sobrepasado el año 2000, la realidad ha ido por otro camino, y si bien la humanidad ha mejorado notablemente sus condiciones, la violencia, la injusticia y la ineficiencia siguen entre nosotros. Los sistemas de planificación central han fallado, no porque estén mal en su planteamiento teórico, sino porque quien falla son las personas: el ser humano no tiene esa nobleza que Bellamy le presupone, ni demasiado sentido de pertenencia a colectivos globales, ni capacidad de planificación a años vista. En lugar de eso, se deja llevar (y hasta corromper) por el máximo disfrute a corto plazo que se pueda permitir, sin demasiado reparo en los demás. En este sentido, el capitalismo está hecho más a nuestra medida: el hombre se siente en su salsa en un mundo con clases sociales; el estatus, las posesiones materiales y la picaresca nos motivan. En este sistema, que refleja nuestra forma de funcionar, la desigualdad (y el deterioro medioambiental) son inevitables. Aprovecho para hacer un poco de publicidad: si os interesan estos temas, echadle un ojo a mi libro, que trata ampliamente estas cuestiones.
hace 10 horas
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