CUENTOS DE SOLDADOS Y CIVILES BIERCE, AMBROSE

Nota media 7,57 Muy bueno 7 votos 2 críticas

Resumen

De un humor corrosivo solo comparable al de Wilde, eslabón imprescindible entre Edgar Allan Poe y Lovecraft, Bierce ha pasado por méritos propios a la categoría de escritor de culto. Ambrose Bierce fue oficial nordista y combatiente de primera línea en la Guerra Civil Americana (1861-1865), y vivió en la efervescente ciudad de San Francisco de esa época, que también era la de los pioneros y los buscadores de oro. Es desde su experiencia personal que Bierce, en los Cuentos de soldados y civiles, narra las aventuras que se desarrollan a lo largo de los dos ejes conflictivos: Norte-Sur, Este-Oeste, sobre los que se construye la nación norteamericana actual. Los paisajes y situaciones de esta obra son, en los cuentos de soldados, las escaramuzas, ejecuciones y guardias nocturnas. En los cuentos de civiles, los campamentos de buscadores de oro, los duelos, los crímenes y los enfrentamientos tanto a fieras como a los entes fantasmales que acechan en la desolación de los bosques y desiertos del Oeste americano. Todos los cuentos que conforman este libro están impregnados de un humor a menudo tan ácido y negro que no resulta fácil percibirlo pero que existe. Lejos de los héroes de una pieza de la épica o la leyenda, los personajes de Bierce, encarados a retos casi sobrehumanos, como librar una guerra o adentrarse en inmensidades desconocidas, han de enfrentarse a fuerzas destructivas de su propio interior que hacen eco a los peligros exteriores que los envuelven.

2 críticas de los lectores

7

Pequeña decepción. En estos cuentos no está el Ambrose Bierce que yo esperaba encontrar. No es que los cuentos sean malos pero tampoco tienen mucha cosa que destacar. Los cuentos de soldados están todos ambientados en la guerra civil de Estados Unidos. Son cuentos pesimistas que suelen acabar mal, bastante repetitivos en su desenlace. Lo mas llamativo es como retrata el autor los actos valerosos en la guerra que siempre terminan con una muerte absurda e inútil, o bien son suicidios encubiertos. Los cuentos de civiles son mas variados en lo argumental aunque también hay cierta repetición en los finales, no hay uno que se pueda considerar memorable. El terror es leve, nada sobrenatural. Solo en un par de cuentos he encontrado atisbos de esa ironía malvada que yo esperaba encontrar. Seguro que Bierce tiene otros libros que son mas de mi agrado.

hace 2 años
10

He leído la totalidad de los relatos que componen el libro llamado "Cuentos de soldados", y casi la totalidad de los cuentos pertenecientes a "Cuentos de civiles". Por una cuestión de honestidad (tal vez exagerada de mi parte) sólo opinaré sobre el primer libro, ya que no están las fichas separadas. Cuando concluya el segundo grupo de narraciones, intentaré volver a escribir una reseña completa, ya con la certeza y la tranquilidad de opinar sobre algo que conozco en su totalidad. Ambrose Bierce, desde del primer párrafo, me hechizó con su manera directa, cruda, bestial, de transmitir sus pensamientos. Creo que lo primero que leí de él, ha sido un cuento de terror, ese terror mezclado prodigiosamente con toques de un grato sarcasmo. Si bien este conjunto de relatos, agrupados de acuerdo a un tema en común, no carecen para nada de su habitual cuota de corrosiva ironía, no están tan plagados de las humoradas acostumbradas. Se ríe de la estupidez, la crueldad y la increíble esterilidad de la guerra, al mismo tiempo que se lamenta de ella. El ejemplo más notable es el relato "Chickamauga". En él, refleja un episodio ficticio dentro del marco de la batalla de Chickamauga, durante la guerra de la Secesión, hacia 1860 aproximadamente. Antes que nada, quiero destacar otra admirable cualidad de este relato: es la de transmitir ternura y espanto, en dosis parejas, sin que la una estorbe u opaque a la otra. Trata el relato sobre un niño pequeño, de unos seis años, que se extravía en el bosque, jugando con un trozo de madera que simulaba, en su tierna imaginación, un sable, como los había visto en las estampas de su padre. Al "derribar" a enemigos feroces (imaginarios desde ya) el niño se fue alejando cada vez más de su casa, hasta que al cruzar un arroyo, se encontró con "Un nuevo y formidable adversario": un conejo. En la inocencia y la dulzura del pequeño, esta aparición de carne y hueso, le produjo el miedo suficiente como para huir llorando y perderse así definitivamente. Recuerdo la sonrisa que me arrancó el imaginarme la situación. Un pequeño guerrero asustado por un inofensivo conejo. Más adelante, el niño ve, arrastrándose miserablemente (él no lo había percibido de esta forma) a un grupo de soldados heridos y agonizantes, quiénes buscaban el río para saciar la sed. Aquí, Bierce, se vuelve a lucir con esta doble visión de las cosas: la visión rosada del niño y la infernal y tristísima realidad. El pequeño sonríe al ver a los soldados en esta cómica posición (su padre, un confederado esclavista, hacía poner a un esclavo negro en la posición de "montar", como si fuera un caballo, y subía al niño a sus espaladas para diversión de éste) e intenta subirse al lomo de uno de los soldados ensangrentados (pintados como los payasos en el circo); cuando el soldado se lo quita de encima y lo amenaza con el puño cerrado: "volvió hacia él un rostro al que le faltaba la mandíbula inferior; de los dientes superiores a la garganta, se abría un gran hueco rojo franjeado de pedazos de carne colgante y de esquirlas de hueso. La saliente monstruosa de la nariz, la falta de mentón, los ojos montaraces, daban al herido el aspecto de un gran pájaro rapaz con el cuello y el pecho enrojecidos por la sangre de su presa". Este tremendo contraste, el de un niño que se ríe de las gotitas de sangre en las pálidas caras y el sufrimiento y desesperación de los soldados, es una insólita y, por obra y arte del escritor, una auténtica maravilla. Todos los relatos del libro son un prodigio; el nivel se mantiene bastante, y todos son excelentes alegatos antibélicos, con toques de ese humor negro que surge con la amarga convicción de la imbecilidad y la maldad humanas. Atención al perfecto estilo narrativo de "El puente sobre el río del búho". Todo el segmento (todo el relato en realidad) desde la caída del prisionero hacia el lecho del río, es de una firmeza, de una vitalidad y una fuerza y nitidez visual pocas veces leída. Se puede sentir cada nervio crujir, cada músculo contraerse, el latir de las venas de la cabeza, del chasquido del agua, arremolinándose alrededor del fugitivo, de los silbidos de las salvas, del estruendo de los cañones, etc. “Uno de los desaparecidos”, “Muerto en Resaca”, “El golpe de gracia” y “Parker Adderson, filósofo”, son impresionantes. El resto, es magnífico.

hace 4 años
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