Resumen

Con Enjambre, Rafael Cabanillas nos regala una nueva novela espléndida, enraizada, por méritos propios, con lo mejor de la literatura española contemporánea. Si su deslumbrante Quercus supuso la revelación plena de un escritor que, como pocos, ha sabido conceder a tantos olvidados la voz a ellos debida, Enjambre retorna a idéntico topos, real e imaginario. A la existencia dolorida y, a pesar de ellos, esperanzada de quienes, víctimas del abandono y la codicia, vivieron y vivien en la España vaciada.

4 críticas de los lectores

Hablan poco, pero en realidad no hay mucho de lo que hablar. Anchuras y el Enjambre pecan de manchegos, ya se sabe, pueblos de silencios, trabajo, rutinas y soledades.
El tío Jacobo, la Remigia y el Tiresias se conocen del derecho y del revés, como también conocen los modos de la sierra, las maneras de las cabras, las manías de las abejas. Su mundo es faena y trajín. ¿El mundo de los otros? El parte de noticias de la radio, si las ondas están de buenas, y el mapa del mantel de hule, mapa perdulario que ha extraviado algunos continentes y mares, o al que las Remigia se los ha borrado de tanto friega que te friega.
Ellos no lo saben, lo intuyen. Barruntan que progreso y naturaleza no casan bien, que los pastores cada vez son menos y que ni tras ellos ni tras sus cabras vendrán otros.
No quieren saber, pero reconocen que los días del Enjambre, los de Anchuras y los del resto de pueblos cortados con la misma tijera ya no son días, sino noches, escarcha y escalofrío.
Frente al futuro, negro e incierto, sólo queda acogerse a la palabra, que nace noble del corazón del Tiresias y brota torpe de sus manos recias. Quizá escribir sea resistir, y llegado el caso, una victoria frente al olvido.
Los personajes de Enjambre encarnan el drama cotidiano de la España rural, de un país sin gente, el de los pueblos al margen del tiempo, fijos en las cunetas del abandono. Son hombres y mujeres en extinción, resistencia ignorante e ignorada frente al cambio climático, prehistoria de la Humanidad y refugio contra el progreso voraz.
Cabanillas Saldaña no tiene la solución para la agonía de unos pueblos vistos para sentencia, aunque su escritura es bálsamo para el alma de los lectores que provenimos de ellos.
La rebelión contra la literatura hecha a golpe de talonario y ayuna de contenido comenzó con Quercus y sigue con Enjambre; los libros de factura bella, asunto de pequeñas editoriales. (Jorge Juan Trujillo, 21 de octubre de 2021)

hace 1 mes
10

ENJAMBRE. Una novela con una tenue línea argumental: la vida de unos pastores, en una aldea con un bello entorno natural, aislada, donde apenas pasa nada que no sea lo cotidiano. Sacar las cabras a pastar, ordeñar, hacer queso y relacionarse esporádicamente con los vecinos de la localidad próxima y con los que por una u otra razón tienen algo que tratar con dichos pastores: veterinarios, forestales, corcheros, guarda de finca, algún funcionario. Con estos mimbres construye el autor una novela que te atrapa, te emociona, te conmociona, te ilusiona, te hace aflorar todo tipo de sentimientos y te hace vivir una realidad que despierta todos los sentidos: ves, oyes, hueles, saboreas, tocas, en una simbiosis perfecta entre el hombre y la naturaleza y además llama a la reflexión sobre temas como la libertad, la felicidad, el amor, la cultura, el progreso e incluso sobre la mitología griega. El detonante de todo esto son las ondas radiofónicas de la emisora 96.4 de la FM y el teléfono como elementos que abren una ventana al exterior y desencadenan una serie de cambios en el ser y en el estar de los protagonistas. Lograr que argumentos tan sencillos y con protagonistas tan normales se alcancen los niveles literarios que tiene esta obra sólo es posible cuando se conoce bien la naturaleza, lo más profundo del ser humano y, además, se domina el lenguaje para crear situaciones que despiertan los sentimientos citados. El autor pone ante el lector contrapuntos y paradojas no resueltos pero si tratados con sensibilidad exquisita: lo rural o lo urbano, la ciudad o la aldea, los que se van o los que se quedan, la resignación ante la desdicha o la reacción para superarla, la sabiduría popular y la académica, el progreso y el abandono. Para esto se apoya en relatos clásicos, anécdotas, sucedidos, experiencias y vivencias en un entorno real y en una etapa de nuestra historia no tan lejana. El autor parece haber encontrado la fórmula para acercarnos a todo lo dicho con un lenguaje rico y fluido. Escribe largos párrafos, separados por punto y aparte, en los que mezcla de manera armoniosa descripción, narración, monólogo, diálogo, con una voz en off que sirve de aglutinante. Todo esto le da una gran solidez al relato, tal como sucede en la realidad: se ve o se siente lo que se describe, se oye lo que se relata al mismo tiempo que se dialoga o se escucha lo voz que lo asocia todo. Es una obra más tierna que cruda, tan lírica como épica y más ilusionante que escéptica. He disfrutado mucho leyéndola. Elías García Blanco

hace 3 semanas
10

Excelente descripción de la realidad rural de nuestro pasado reciente que debería ser conocido por toda la sociedad. Buena narrativa que engancha al lector hasta su fin.

hace 1 mes
10

Excelente

hace 1 mes