DIOSES DE PIEDRA: Muerte o resurrección PÉREZ CABALLERO, LAURA

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Resumen

En 1988 dos sucesos terribles, muy similares, tienen lugar en un par de pueblos de León sin que haya ninguna relación entre ellos.

En 2019 un matrimonio joven formado por Jorge, María y su hija de seis años se trasladan desde Jaén hasta Mieres, donde Jorge trabaja como teniente de la Guardia Civil.

Ambos buscan acercarse a sus respectivas familias, afincadas en León capital, y llevar una vida tranquila en una preciosa casita situada en plena naturaleza.

Lo que se presenta como un destino idílico, dada la tranquilidad de la zona y la baja tasa de delicuencia, pronto comienza a complicarse con la misteriosa desaparición de dos niñas de seis y siete años.

1 críticas de los lectores

León, 1988: Dos niñas han sido encontradas en terribles condiciones a pocos metros de los cuerpos sin vida de sus madres. Aparentemente no hay ninguna relación entre los casos, a excepción de que esas niñas eran hijas de madres solteras que han muerto por causas naturales.
Mieres, 2019: Jorge, guardia civil, ha solicitado un traslado de Jaén a la localidad asturiana de Mieres. Tanto él como su esposa María quieren estar más cerca de sus respectivas familias, residentes en León.
Alquilan una casona en plena naturaleza en la que esperan ser felices junto a su hija de seis años. A priori es un destino tranquilo para Jorge por la baja tasa de criminalidad en la zona, pero todo se complica cuando desaparecen dos niñas de seis y siete años.
Dioses de piedra: Muerte o Resurreción, de Laura Pérez Caballero, puede considerarse un domestic noir ambientado en Mieres, un pequeño pueblo de la cuenca minera asturiana.
Desde un principio sorprende la extraña personalidad de María. Es una mujer con problemas para relacionarse con los demás y excesivamente puritana. Algo que en ciertas ocasiones resulta divertido a su marido; en otras, sin embargo, supone un problema, especialmente por lo estricta que María es con la educación de la niña.
María parece cambiar cuando conoce a Mario, el dueño de la casa que han alquilado. Es un hombre amable y atento que consigue que María salga un poco de su caparazón, especialmente cuando Jorge y Teresa no están en casa.
Pero todos los avances de María caen en saco roto con la desaparición de las niñas. Le preocupa que pueda ocurrirle lo mismo a su hija, así que se vuelve cada vez más controladora y exigente con ella. Algo que ni Jorge ni Mario ven con buenos ojos.
Al mismo tiempo, la autora nos cuenta la historia de una de esas niñas maltratadas en León. Una historia espeluznante protagonizada por una madre obsesiva y maltratadora que convierte la vida de su hija en un infierno. Hasta tal punto que la niña reza cada noche para convertirse en un niño, pero sus ruegos no son escuchados.
Una novela que causa desasosiego al lector. No solo por la dura historia que tiene lugar en 1988, sino también por el cambio que María va experimentando a lo largo de la historia. Se prevé la tragedia desde la mitad del libro, pero la autora consigue pillarte desprevenido con un final que, al menos en mi caso, no esperaba.
Una historia dura, en la que destacan tanto el ambiente opresivo que la autora consigue crear con pocos escenarios y personajes, como el perfil psicológico de cada uno de ellos. Y es precisamente ese perfil, que la autora nos va desvelando poco a poco, el que te mantiene enganchado a la historia.
Una novela que nos muestra que todos tenemos dos caras... aunque solo podamos mostrar una a nuestro entorno más cercano. (Ana García, 10 de octubre de 2022)

hace 1 mes