Áurea L. Lamela vuelve a situar una de sus novelas negras en Lugo, escenario habitual de su narrativa que, bajo una apariencia tranquila y provinciana, esconde una compleja red de relaciones personales, secretos y zonas oscuras. Psiquiatra de profesión y autora ya veterana del género, continúa en Sé que no me olvidarás la serie protagonizada por la forense Carmela Archer y el inspector Zalo Alonso.
La novela arranca con la muerte de Berta, hallada ahorcada en su casa justo en el aniversario del suicidio de su hermana. Todo parece apuntar a otro suicidio, pero una carta póstuma entregada meses después a su amiga Carlota y ciertas inconsistencias detectadas por Carmela provocan la reapertura del caso. A partir de ahí, Zalo Alonso deberá reconstruir una investigación llena de negligencias y pruebas ignoradas, enfrentándose además a los dilemas de investigar en una ciudad pequeña donde sospechosos, víctimas y policías comparten amistades y vínculos familiares.
Lamela construye una investigación muy detallada y realista, especialmente en los aspectos policiales y forenses, algo que demuestra una importante labor de documentación. La trama avanza de forma lineal, sin grandes giros sorprendentes: el interés reside más bien en la acumulación progresiva de datos, testimonios y conexiones. Alrededor del caso se mueve una pléyade de personajes —familiares, amigos, hijos, compañeros y cónyuges— que se cruzan continuamente en una red cerrada que refuerza esa sensación de comunidad pequeña. Algunos participan constantemente aportando ideas e intuiciones, especialmente Sara, la esposa de Zalo, una apasionada lectora de novela negra que funciona casi como un guiño al propio género y a autoras como Donna Leon.
La novela alterna la investigación actual con capítulos ambientados en el Madrid de 1971, relacionados con la represión franquista sobre los homosexuales y con la violencia ejercida impunemente por determinados policías. Esa línea temporal resulta fundamental no solo para comprender el caso, sino también la personalidad de los sospechosos. Lamela introduce así una reflexión sobre la memoria histórica y sobre la necesidad de no olvidar determinados abusos y libertades conquistadas.
Otro de los rasgos más llamativos del libro es el peso del escenario. Lugo —y en menor medida A Coruña— aparece descrita con detalle, incluyendo calles, bares y restaurantes, de modo que la ciudad termina convirtiéndose en un personaje más de la historia.
Pero, más allá de la intriga criminal, lo más interesante de la novela es probablemente su reflexión sobre la naturaleza de la maldad: si nace de determinadas circunstancias (efecto Lucifer) o si existen personas que buscan deliberadamente posiciones de poder solo para poder ejercerla. Una novela negra sólida, muy documentada y especialmente interesante por su trasfondo histórico, psicológico y moral. (Inma Muñoz, 13 de mayo de 2026)
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