Es la primera novela que leo de Margaret Atwood. En ella se recrea un estado totalitario y represivo que controla cualquier aspecto de la sociedad, y en el que los derechos están muy limitados, especialmente los de las mujeres. La autora describe la vida de las “criadas”, mujeres fértiles apreciadas únicamente por su capacidad reproductora. El texto se centra y está narrado en primera persona por la protagonista, una de estas criadas –en mi opinión bien podrían ser llamadas siervas o esclavas–, a la que conocemos como Defred.
En buena parte del libro la narración es descriptiva, algo necesario para situarnos en el contexto. Se intercalan, en el día a día que vive la protagonista, sus reflexiones y recuerdos del pasado, lo que hace que poco a poco empatices con ella y quieras saber más.
Personalmente me ha interesado leer cómo casi de la noche a la mañana desaparece un tipo de estado, no ideal pero en el que se presupone que existe cierta libertad, y se impone un totalitarismo en el que las libertades son casi inexistentes. También me parece interesante el concepto de “ficción especulativa” que usa la autora para catalogar su novela, en el que incluye su intención de no escribir ciencia ficción pura, sino que todo lo que aparezca en ella haya sucedido ya de algún modo en la historia. En ese sentido creo que es una distopía verosímil y factible, lo que hace reflexionar al lector profundamente –al menos ese ha sido mi caso–. Destacaría asimismo la atmósfera asfixiante que se logra y el epílogo final, absolutamente genial.
En resumen, diría que es una historia dura –espeluznante por momentos– pero fácil de leer y bien construida. Como lectura es adictiva, amena y muy recomendable. Me ha gustado mucho.
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