Amherst es una confesión sobre el hecho de ser hija. Asistimos a una explosión literaria de la maternidad que viene con retraso –Vivian Gornick, Jane Lazarre, Silvia Nanclares, Jenn Díaz…–, como si la escritura se hubiera visto escindida, durante largos siglos de historia, de nuestra relación más visceral y menos libre. Parece consecuente con una lógica cultural que además de patriarcal, se construye sobre la base de la separación del cuerpo.