Los creyentes comienza con Diana Walsh Pasulka, autora de este libro, con los ojos vendados. Diana es historiadora de las religiones y directora del Departamento de Filosofía y Religión de la Universidad de Carolina del Norte, pero ahora viaja a ciegas en un vehículo gubernamental por una zona de exclusión aérea en el desierto de Nuevo México. Aunque tiene miedo, ha decidido llevar esta investigación hasta el final. Ha entrevistado a algunos de los astrofísicos y biólogos moleculares más destacados del mundo, a ingenieros de la NASA, a millonarios de Silicon Valley y a personajes enigmáticos como Tyler, el hombre responsable del despegue de los principales transbordadores espaciales norteamericanos (Columbia, Challenger, etc.), que ahora se dedica a diseñar tecnologías revolucionarias inspirado por una inteligencia no humana. Le han asegurado que lo que verá tras quitarse la venda merecerá la pena.
Este no es, por tanto, un libro sobre marcianos. Es la crónica en primera persona de alguien que se cuela en una «universidad invisible» de científicos de altísimo nivel y agentes gubernamentales que estudian con total seriedad ovnis en secreto, mientras los medios de comunicación fabrican conspiraciones y series de culto a partir de retazos de su trabajo. Pasulka analiza con lucidez cómo esos relatos, mezclados con el ruido de internet y la cultura pop, están conformando algo inesperado: una nueva religión, con sus lugares sagrados y sus propias reliquias. Y lo más interesante: comprende que las experiencias y encuentros que testimonian estos «nuevos creyentes» coinciden punto por punto con los que han quedado recogidos durante siglos en miles de documentos histórico-religiosos, como los del Archivo Secreto Vaticano, donde la autora encontrará el cierre que necesitaba para su investigación. De este modo, Los creyentes nos cuenta cómo el ovni se ha convertido en símbolo de esperanza, miedo, salvación y sentido en un mundo hipertecnológico. Tras leer este libro, observarás de otra manera el cielo, pero también tu móvil, tus series favoritas y tu relación con la ciencia. Porque, quizá, ya estamos adorando a nuestros nuevos «dioses» sin ni siquiera saberlo.