Ginebra celebra el 300 cumpleaños de su hijo predilecto, Jean-Jacques Rousseau

La ciudad de Ginebra celebró festivamente el 300 cumpleaños de Jean-Jacques Rousseau, en una jornada que se abrió con la inauguración de la última parte del fresco del suizo Hans Erni, un enorme mural que Ginebra regaló a la sede europea de la ONU para celebrar tan ilustre aniversario.

La obra completa las dos primeras partes del tríptico por la paz que este artista de 103 años empezó a pintar en 2009 y que completa coincidiendo con el tricentenario de Rousseau, un aniversario que la calvinista Ginebra conmemora casi con ostentación.

En el mismo evento arrancó la iniciativa «Rousseau en el corazón de Ginebra», que consiste en la instalación de siete coloridos bancos acompañados de otros tantos puntos de información situados en lugares de la ciudad que mantienen un vínculo con la vida o la obra del pensador, autor de «Emilio» y «El Contrato Social».

La fiesta de este 300 cumpleaños continuó a lo largo de la jornada con un desfile con animaciones que recorrió el casco viejo de la ciudad, por el que Rousseau paseó frecuentemente.

El pasacalle discurrió, entre otros sitios, por la Grand Rue, en cuyo número 40 nació Rousseau el 28 de junio de 1712 y donde ahora la fachada recuerda a su ilustre habitante con una pequeña placa.

El cumpleaños se completó con una cena. La municipalidad de Ginebra organizó un «banquete republicano», en el que los ciudadanos ginebrinos -previa inscripción- disfrutaron de forma gratuita de una cena mientras conversaron sobre la modernidad.

El número 40 de la Grand Rue es el lugar en torno al que giran gran parte de los actos conmemorativos del tricentenario, que no se celebró únicamente hoy, sino durante el conjunto de 2012.

A principio de año, el que fuera hogar de Rousseau durante sus primeros años de vida, y convertido en 2002 en el Espacio Rousseau (museo interactivo), abrió una nueva planta -son siete en total-, que se convirtió en «La Casa de Rousseau y la Literatura», el primer espacio cultural de este tipo en la Suiza francófona.

El proyecto transforma los siete niveles del inmueble en estudios de trabajo -para que los escritores puedan residir y trabajar durante un corto periodo de tiempo en Ginebra-, una sala de conferencias, una sala de exposiciones y un café literario.

El visitante que acude a descubrir, o a redescubrir, la figura de Rousseau se encuentra con una casa museo muy poco convencional, ya que, lejos de conservar sus muebles o la pluma con la que rubricó sus escritos -de entonces solo queda una chimenea y una pequeña alacena-, la exposición tiene un carácter multimedia.

Este 2012 ha sido también una repetición del desagravio de una ciudad que repudió a su hijo predilecto y condenó sus obras.

Hace solo diez días, la villa conmemoró de manera especial el 250 aniversario de la condena del «Contrato Social» y «Emilio», que fueron pasto de las llamas al ser consideradas sediciosas, impías y sacrílegas por parte de las autoridades locales de la época.

Bajo el cargo de subversión de la religión, la moral y las costumbres, el Pequeño Consejo de Ginebra, a instancias del fiscal general Jean-Robert Tronchin, rompió sus relaciones con su ciudadano más ilustre el 19 de junio de 1762.

Ese día, ejemplares de ambas obras -consideradas el catecismo del hombre (Emilio) y el catecismo del ciudadano (el Contrato Social)- fueron quemados frente a la puerta del Hotel de Ville, en el barrio antiguo de Ginebra, donde el actual ayuntamiento recreó la fecha.

Varios actores interpretaron los papeles del fiscal Jean-Robert Tronchin y de Charles Pictet, abogado defensor de Rousseau, que tras la condena y la ruptura de relaciones oficiales con la ciudad tuvo que huir inmediatamente al cantón de Berna, donde le habían dado garantías de que podría seguir disfrutando de libertad.

Se instaló en la localidad de Yverdon, pero poco después fue expulsado, por lo que Rousseau se instaló en el principado de Neuchatel, que dependía del rey de Prusia, donde escribe en 1763 «Carta a Christophe de Beaumont, arzobispo de París» en defensa de las ideas expresadas en sus obras condenadas.

La Universidad parisina de La Sorbona había condenado previamente «El Contrato Social» y «Emilio», acusando al autor de ser «un gran maestro de corrupción y error», pero Ginebra fue más allá, al quemar ambos libros y prohibir a Rousseau que residiera en la ciudad.

Rousseau murió en el exilio, en la localidad francesa de Ermenonville en 1778, sin poder regresar a su Ginebra natal.

Tuvieron que pasar 14 años, hasta 1792, cuando Ginebra dio marcha atrás y rehabilitó la figura Rousseau.

En diciembre de ese año, el comité revolucionario al frente de la ciudad declaró: «El decreto dirigido contra la persona del ciudadano Jean-Jacques Rousseau y los juicios expresados en contra de sus obras son declarados nulos».

Ginebra, 29 jun (EFE)

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