El regreso de «Vida en otro planeta», de Will Eisner, padre de la novela gráfica

Madrid, 14 ago (EFE)

Grande entre los más grandes, Will Eisner no solo ha pasado a la historia por «The Spirit» o «Contrato con Dios«, sino que el autor nos legó un buen puñado de obras tan sugerentes como «Vida en otro planeta» (Norma), un cómic que ahora, treinta años más tarde, regresa por fin a las estanterías.

Al margen de todos sus títulos, Eisner (1917-2005) ha quedado en el imaginario popular como acuñador del término «novela gráfica». Ya existían ejemplos anteriores de este formato, pero a nadie se le había ocurrido unir esas dos palabras que, de paso, acabarían generando una enorme polémica que llega hasta nuestros días.

Todo empezó en 1978. El dibujante, que se dedicaba a vivir de las rentas de «The Spirit», abandonó su estado de semi-jubilación y presentó un nuevo proyecto a la editorial Baronet Books. «Llamé al presidente y le dije: ‘Tengo algo que enseñarte; creo que es muy interesante'», recordaba Eisner años después.

«Un hombrecillo saltó en mi cabeza y dijo: ‘Por Dios santo, no seas estúpido; no digas que es un cómic o te colgará’. Y entonces se me ocurrió: ‘Es una novela gráfica’. Él respondió: ‘¡Wow, suena interesante! Ven a verme'», añadía el dibujante, que en aquella breve conversación se aseguró la publicación de «Contrato con Dios», una obra clave en la evolución posterior del cómic.

Puede que no creara el formato (de hecho, Justin Green había publicado en 1972 «Binky Brown conoce a la Virgen María»), pero Eisner sí fue de los autores que más contribuyó a la popularización de la novela gráfica. Además, no se puede obviar la intensa labor experimental del dibujante a lo largo de su carrera, que le llevó a buscar límites estructurales y narrativos nunca antes explorados.

Una vez instaurado el concepto, solo restaba darle buen uso, y Eisner aprovechó la coyuntura para crear obras más personales y adultas. Respetando siempre los códigos clásicos del tebeo, los que había mamado durante sus primeros años en el negocio, pero dando una vuelta de tuerca hacia historias más densas y complejas.

Aquí entra en escena «Vida en otro planeta», un título que en España solo había publicado la revista Creepy, allá por 1981. Los lectores disponen ahora de una nueva oportunidad para disfrutar con estas páginas llenas de ciencia-ficción, intrigas políticas, empresas corruptas, sectas de chiflados y dictadores sin escrúpulos.

La trama nos sitúa a finales de los años setenta, en plena Guerra Fría. Estados Unidos y la URSS compiten por la conquista del espacio cuando el observatorio de Mesa (Nuevo México) capta una señal procedente del planeta Barnard, a unos diez años luz de la Tierra. Este hecho desatará la codicia de todos los actores implicados, personajes podridos en una historia real como la vida misma.

En estas viñetas, Eisner muestra su capacidad innata para enganchar al lector, su habilidad para escoger el detalle idóneo en el momento adecuado y elevar otro grado el nivel de suspense. Sin embargo, hay mucho más en este libro, que disecciona las miserias del hombre moderno con la precisión de un escalpelo.

No se puede negar el carácter antropológico de Eisner, que siempre gustó de abrir la realidad en canal para luego plasmarla en sus cómics. «La vida en la gran ciudad», que Norma reedita ahora por primera vez desde 2008, funciona como ejemplo de ese interés por el ser humano, una constante en los diferentes trabajos del autor.

La obra se compone de cuatro historias, a priori independientes, que se acaban uniendo en perfecta sincronía para rendir homenaje a la ciudad de Nueva York, escenario recurrente en los tebeos de Eisner y, en ocasiones, casi un actor más de la trama.

Así ocurre en «Nueva York, la gran ciudad» (1981-86), «El edificio» (1987), «Apuntes sobre la gente de la ciudad» (1989) y «Gente invisible» (1991-92), cuarteto de relatos publicados a lo largo de once años y que posteriormente fueron reunidos bajo el título genérico «La vida en la gran ciudad».

Lejos de ofrecer una serie corta de capítulos al uso, Eisner ofrece una cascada de historias cortas (una o dos páginas) en las que investiga el corazón de la metrópolis, el mecanismo oculto que incide sobre la voluntad y el carácter de sus habitantes.

Julio Soria

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