Decepcionante después de haber sido un lector suyo cuando yo era adolescente. Pasado todo ese tiempo hasta la actualidad, me ha parecido una obra que denuncia la falta de compasión del ser humando con la naturaleza. Una y otra vez, ejemplifica con situaciones, con datos con circunstancias pasadas a lo largo de los años, los desagravios del ser humano con el medio ambiente y sus componentes. Se me hizo muy lenta, demasiado. Los personajes también muy rebuscados. Un desertor de la guerra del Vietnam que acaba, por voluntad propia en la selva amazónica. Él de Chicago. Por otro lado, un misionero de San Sebastián con el que entabla amistad. Como enlace idiomático un integrante de la tribu amenazada que se desenvuelve en español a las mil maravillas. En fin, que pasado tanto tiempo me lo imaginaba de otra manera. Me he hecho ya muy mayor (y gruñón) desde mis tiempos de zagal.
hace 1 semana
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