Depredan la heladera, se adueñan de la casa, dejan todo tirado, pasan horas frente a la “compu”, están siempre en su mundo y cuando les llamamos la atención se atrincheran en sus habitaciones –verdaderos búnkers– en los que amontonan ropa limpia y sucia, zapatillas, restos de comidas, libros y demás...