En el país del zar Iván no había alegría. Pese a tener aguas cristalinas, hermosos árboles, grandes montañas, ropajes ricos e inimaginables joyas, las gentes y su zar no eran felices. Un buen día, Alexander, el príncipe heredero, estaba ayudando al sabio Nebal a trasladar unos libros a la biblioteca...