LOS NOMBRES DE FELIZA

LOS NOMBRES DE FELIZA VÁSQUEZ, JUAN GABRIEL

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Nota media 7,29 Muy bueno 7 votos 3 críticas

Resumen

Me di cuenta de que entender a Feliza era una empresa difícil. Nada era sencillo cuando se trataba de ella".

El 8 de enero de 1982, la escultora colombiana Feliza Bursztyn murió en un restaurante de París. Tenía cuarenta y ocho años. En el momento de su muerte repentina la acompañaban su marido y cuatro amigos. Uno de ellos, el escritor Gabriel García Márquez, publicó días despues un artículo que incluía tres palabras en apariencia simples, pero misteriosas en el fondo: "Murió de tristeza".

Juan Gabriel Vásquez parte de esas palabras para investigar en la vida secreta o desconocida de una mujer extraordinaria. Feliza Bursztyn se enfrentó siempre a la sociedad en la que le tocó vivir. Hija de una pareja de judíos expatriados en Colombia, artista revolucionaria en un tiempo de revoluciones políticas, mujer de espíritu libre en un mundo que desconfiaba de la libertad de las mujeres, llevó

3 Críticas de los lectores

Este libro es un magnífico ejemplo de la "nadería literaria" que se cuela en los catálogos de las editoriales, con intensidad singular en Alfaguara, por cierto. Leer la solapa del libro al final de la novela es quedar una vez más estupefacto por el curriculum de un autor carente por completo de talento. En este título, el efecto se agrava al convertir la biografía de una persona supuestamente admirable en la realidad, en un personaje vacuo, caprichoso y simple en la ficción. El propio planteamiento de la obra supone un error en sí mismo: contar los pasajes fundamentales de una vida cuarenta años después del fallecimiento de la protagonista a partir de la entrevista del marido y algunas otras conversaciones, y plasmar lo escuchado en un relato pormenorizado donde se describe cada detalle intrascendente y se "reproduce" cada conversación insustancial. Así es, la secuencia de acontecimientos, que podrían presentarse con elegancia y profundidad, se reducen a decisiones inexplicadas, a interacciones superficiales y a cientos de detalles completamente inocuos que no aportan nada salvo una mayor extensión de la narración. Por otra parte, el estilo del autor es pobrísimo, rácano e infantil, con un adjetivo acompañando cada sustantivo, con coletillas continuas ("le gustaba", "le hablaba"...), y con diálogos a la altura de los propios de niños de ocho años. Todo ello, además, aderezado con una erudición de hipermercado en la búsqueda de un interés con el que llenar la sensación continua de vacío.

hace 2 horas

Desconocía la historia y obra de esta artista. Bien escrito.

hace 2 meses

Que gran libro. La muestra de que se puede escribir algo muy interesdante de cualquier vida. Lo importante es escribir bien.

hace 4 meses