¿Qué ocurre cuando un concurso literario desaparece antes de que el jurado pueda emitir su veredicto? Luis Zorzano Ceitegui convierte esa sugerente premisa en el punto de partida de Los cuentos del concurso que no se falló. Relatos de aquí, de allá y del más allá, una colección de veinte historias que juegan con el lector desde la primera página y que, más allá del ingenioso artificio narrativo, terminan componiendo un pequeño mosaico de las luces y, sobre todo, de las sombras del ser humano.
El libro se presenta como el rescate de unos cuentos condenados al olvido tras el cierre inesperado de un ateneo cultural. Nunca sabremos —y quizá sea mejor así— si Zorzano es el verdadero autor o simplemente el editor de unos originales encontrados por azar. El propio prólogo invita a aceptar el juego y a no destruir el hechizo buscando respuestas. Es una propuesta inteligente, porque la literatura siempre ha disfrutado confundiendo las fronteras entre realidad y ficción.
La variedad temática es una de las mayores virtudes de la obra. Hay relatos de corte realista y otros que se adentran en una fantasía oscura, unas veces melancólica y otras cargada de un humor socarrón. Aparecen ecos del cuento gótico, de la parábola, de la prosa poética e incluso de la crónica de sucesos. Sin embargo, el conjunto no resulta disperso. Existe un hilo conductor que une todas las historias: esa "sombra humana" de la que hablaba Carl Gustav Jung, ese territorio profundo de deseos, miedos, frustraciones y contradicciones que compartimos todos.
Bajo la aparente sencillez de muchos relatos laten cuestiones filosóficas universales. El tiempo, el destino, el libre albedrío, la identidad o la eterna insatisfacción humana aparecen una y otra vez, siempre envueltos en metáforas y situaciones que invitan a detener la lectura y reflexionar. También hay espacio para la crítica social, al egoísmo cotidiano, a la creciente impersonalidad de nuestras relaciones o a la absurda necesidad de compararnos constantemente con los demás.
Cada lector encontrará sus propias preferencias. En mi caso, "Pájaro" destaca por su simbolismo y profundidad, mientras que "Él" consigue crear una inquietud difícil de olvidar. "Elogio del fútbol" demuestra cómo la ironía puede convertirse en una eficaz herramienta de crítica política y social, "El número 13" reserva una sorpresa que merece ser descubierta sin adelantar nada y "El trébol de cuatro hojas" ofrece una aguda reflexión sobre la ambición y la envidia, esa eterna tendencia a creer que la hierba del vecino siempre es más verde.
Mención especial merecen las ilustraciones de Alfredo Bikondoa. No se limitan a acompañar los textos, sino que dialogan con ellos y contribuyen a reforzar la atmósfera de cada relato, convirtiendo el libro en una experiencia artística más completa.
Quizá uno de los mayores aciertos de Los cuentos del concurso que no se falló sea demostrar que un relato breve puede contener tanta profundidad como una novela extensa. Son historias que entretienen, inquietan, hacen sonreír y, en ocasiones, dejan un poso de melancolía o de desasosiego que permanece mucho después de cerrar el libro.
Porque, al fin y al cabo, estos cuentos no parecen escritos para ganar ningún concurso. Parecen escritos para recordarnos que todos llevamos dentro una sombra, que la literatura es una de las mejores maneras de explorarla y que merece la pena aceptar la invitación de Luis Zorzano Ceitegui para recorrer, aunque solo sea por unas páginas, esos territorios de aquí, de allá y del más allá. (Inma Muñoz, 10 de junio de 2026)
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