La ciudad de las luces muertas es uno de esos libros que generan una pregunta incómoda: ¿puede admirarse una novela y al mismo tiempo no disfrutarla?
David Uclés, escritor, músico, dibujante y traductor e intérprete de idiomas, alcanzó gran reconocimiento y numerosos galardones con La península de las casas vacías quedándose en el punto de mira del panorama literario español.
Partiendo de una premisa poderosa y sugerente, La ciudad de las luces muertas recoge ese estilo imaginativo del autor, así como su inclinación hacia lo simbólico y el realismo mágico.
La novela arranca con un apagón total en la ciudad de Barcelona que no solo borra la luz física, sino que desata una fractura temporal donde conviven distintas épocas y figuras históricas. De este modo, artistas y personajes reconocidos de la talla de Picasso, Carmen Laforet, Freddie Mercury, Mercè Rodoreda o Gabriel García Márquez, entre muchos otros, conviven en un escenario donde el arte, la memoria y la historia dialogan en medio de la oscuridad.
Hasta aquí me parecía un planteamiento prometedor, muy imaginativo y atrayente; sin embargo, no he conseguido sentirme completamente emocionada con la trama a medida que esta avanzaba.
En primer lugar, el exceso de menciones y detalles de localizaciones. Creo que es un punto que gustará y deleitará considerablemente a lectores que vivan o hayan visitado la ciudad catalana, pudiendo recrear con exactitud el recorrido de la historia vislumbrando los edificios y locales destacados; sin embargo, en mi caso, que no he tenido esa oportunidad, esa demasía me ha entorpecido mucho la lectura.
Por otro lado, el autor introduce en cada capítulo a varias figuras históricas que pasaron por las calles de Barcelona en algún momento de sus vidas, haciéndolas protagonistas de estas páginas. Este punto podría ser bastante interesante si no fuera porque apenas se profundiza en ellos, sino que más bien se aprecian como cameos que aportan poco a la trama general, haciendo que no termines de comprender muy bien adónde nos quieren llevar esas apariciones.
Asimismo, considero que es sublime la capacidad del autor para introducir datos históricos, simbolismos, biografías y detalles de cada uno de los personajes que aparecen; no obstante, creo que como lector debes tener un gran bagaje cultural en relación a cada uno de los aspectos mencionados, pues de lo contrario no consigues entender por completo la novela y se escapa mucha información aportada.
Por último, me ha costado terminar de comprender esa lectura más política que introduce el autor casi a mitad de historia, en donde realiza una abierta crítica al fascismo, la represión y el elitismo.
Si bien es cierto que la pluma de Uclés es lírica, directa, con gran sentido del humor, inmersiva e innovadora, he percibido que la obra se ha quedado como un collage de ideas que, pese a tener una premisa y seguir una idea, no ha quedado del todo cohesionada.
Siendo el 82.º Premio Nadal, destaca por su reivindicación del arte como resistencia, la concienciación de la memoria colectiva y cultural de Barcelona, la idea espiritual y mística de la inexistencia del tiempo y el espacio, y la potente crítica social y política a través de numerosos personajes históricos que llegaron a sufrir las consecuencias de las mismas.
En lo personal, me ha dejado un sabor agridulce, pues considero que es una novela ambiciosa, imaginativa, inteligente, original y muy arriesgada que he admirado, pero que debido a su ejecución no ha conseguido engancharme.
En conclusión, La ciudad de las luces muertas puede llegar a gustar y disgustar a partes iguales, por ello recomiendo leerla a quien le llame la atención y sacar sus propias conclusiones, siempre teniendo en cuenta el tipo de novela que se va a encontrar. Para algunos será una obra sugerente y libre; para otros, un proyecto prometedor que no termina de cuajar. En cualquier caso, confirma a Uclés como un autor con una voz propia y una creatividad en busca de equilibrio entre imaginación y estructura. (Marisa Costa, 7 de abril de 2026)
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