¿Puede tener sentido un mundo en el que los inocentes sufren? ¿Podemos seguir creyendo en un poder divino o en el progreso humano si hacemos una taxonomía del mal? ¿Es el mal profundo o banal? En esta obra fundamental, Susan Neiman argumenta que estas preguntas impulsaron la filosofía moderna. Los filósofos tradicionales, de Leibniz a Hegel, intentaban defender al Creador de un mundo en el que el mal existe. Inevitablemente, ese esfuerzo, combinado con la obra de escritores como Pope, Voltaire y el Marqués de Sade, erosionaron la fe en la benevolencia, el poder y la relevancia de Dios, hasta que Nietzsche afirmó que había sido asesinado. También produjo la distinción entre el mal natural y el mal moral que ahora damos por sentada. Así, la filosofía contemporánea considera al Holocausto como el mal moral final y Neiman concluye que dos posturas básicas atraviesan el pensamiento moderno. Una, de Rousseau a Arendt, insiste en que la moralidad exige que hagamos inteligible el mal. La otra, de Voltaire a Adorno, insiste en que la moralidad exige que no lo hagamos.