El polifacético Asier Olaizola Bermejo —licenciado en Geografía, actor, cineasta, presentador y, por supuesto, escritor— acaba de reeditar su primera novela, Un instante, pocos meses antes de que los acontecimientos internacionales la hagan aún más pertinente, relevante y necesaria.
Carlos es un actor español que ha triunfado en Hollywood. Se encuentra en la cresta de la ola, aunque pronto descubre que el éxito no es exactamente el paraíso que había imaginado. Sara, su antigua novia, es una bailarina que, tras una lesión, se ha reinventado como actriz y lucha por alcanzar al menos una pequeña parte del reconocimiento del que goza Carlos. Años atrás, cuando ambos viajaron al Festival de Cannes para presentar un cortometraje realizado conjuntamente, sus vidas cambiaron de forma irreversible tras conocer a James, un cronista de sociedad. Poco después, James decidió marcharse a Venezuela como corresponsal, decidido a demostrar que podía ser un periodista serio y comprometido. El tiempo ha pasado, el Festival de Cannes vuelve a celebrarse, pero los tres protagonistas lo vivirán esta vez de una manera radicalmente distinta.
Creo necesario adelantar —aunque la sinopsis no lo mencione— que James será secuestrado en Caracas por milicias afines al gobierno de Maduro. A lo largo de la novela, el lector se adentra en el día a día de Venezuela, con una mirada directa y sin concesiones sobre la crudeza de la represión del régimen y la indiferencia del resto del mundo. No diré más: es imprescindible leerla para descubrirlo por uno mismo, especialmente en un contexto de absoluta actualidad.
Un instante es una novela que pone de manifiesto los contrastes más extremos: de las suites de lujo y la alfombra roja a las mazmorras más inmundas; de los flashes de los paparazzi a la oscuridad total. Y, sin embargo, pese a esa distancia abismal, ambos mundos comparten una misma condición: todos sus protagonistas son, en cierto modo, prisioneros.
Asier Olaizola narra con honestidad y emoción una historia que es a la vez de amor y de denuncia. La novela se estructura en cuarenta capítulos breves y titulados —un detalle que, personalmente, siempre agradezco—, lo que favorece una lectura ágil y dinámica. El ritmo es rápido, con varios giros sorprendentes, un marcado aire cinematográfico, abundante acción y numerosos diálogos. Destaca especialmente la naturalidad de estos últimos, algo que no todos los autores logran con acierto. Pero si hay un punto verdaderamente fuerte en la novela son sus personajes: profundos, creíbles y complejos, con sentimientos —tanto los más nobles como los más oscuros— retratados con precisión.
La vida puede cambiar en un instante, para bien o para mal. Esta novela nos recuerda esa verdad cruda, pero también nos habla de la posibilidad de un nuevo instante en el que todo vuelva a transformarse. Resiliencia. Esperanza. Amor. (Inma Muñoz, 16 de enero de 2026)
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