Antes de continuar, aviso que voy a incluir un par de spoilers. Dicho esto, debo decir que, atraído por su aura de bestseller mundial, empecé a leer esta novela sin saber que era el segundo libro de una serie de tres novelas sobre el mismo asunto (no sé si llamarlo trilogía). Y la cosa me gustó, la novela es un thriller narrado en primera persona y en tiempo presente, como si la protagonista estuviera dictando en una grabadora lo que le está ocurriendo. Hasta que más o menos hacia la mitad del libro hay un par de inverosimilitudes garrafales que le quitan a uno las ganas de seguir leyendo. La primera inverosimilitud se presenta cuando la asistenta protagonista ayuda a la maltratada y cautiva mujer de su empleador a escaparse, llevándola en coche a cierto sitio donde se supone que estará segura. Un viaje donde al fin las dos mujeres podrán por fin comunicarse tranquilamente y donde esperas que la fugitiva le cuente a la asistenta los detalles de su misterioso cautiverio y maltrato; pero nada, se tiran todo el viaje escuchando música y el lector se queda sin saber nada acerca de la tóxica relación de la mujer con su malvado marido. La segunda inverosimilitud es aún peor: resulta que el marido, no se sabe cómo, localiza enseguida a su mujer y la obliga a volver con él a la vivienda que comparten. ¡Y luego la protagonista, sin el menor miedo a represalias por parte del marido, sigue trabajando en la misma vivienda de asistenta, y el marido tan tranquilo, a pesar que la asistenta ha ayudado a su mujer a escaparse! En fin, no sé si en la segunda parte de la novela habrá otras inverosimilitudes parecidas, pero a mí esos detalles absurdos y chapuceros me “han sacado” totalmente de la novela.
hace 1 día
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