Resumen

Un reparto de lujo para una historia endiablada como un solo de saxo. El día que su hermano Snake desaparece río adentro, el joven Finn decide que debe escapar de su vida miserable. En apenas dos centenares de páginas, Colman , Cuzor y Thibault se marcan un intenso homenaje a algunos de los mitos fundacionales de la cultura sureña norteamericana. La leyenda de Robert Johnson , que vendió su alma al diablo en un cruce de caminos para convertirse en uno de los mayores bluesman del Delta del Misisipi, las aventuras de Huckleberry Finn por el río en compañía del negro Jim o, finalmente, la épica del vagabundo de ferrocarril que noveló Jack London en sus libros. Todo esto es O'Boys, contado con una asombrosa solvencia narrativa y un dibujo magistral.

1 críticas de los lectores

Este volumen es un trepidante road-comic capaz de dejar sin aliento al lector gracias a un medido ritmo narrativo y a un detallista dibujo de Steve Cuzor, de corte clásico.
Las aventuras de Huck Finn —un protagonista con más que evidentes ecos de Mark Twain— nos introducen en el mundo de los Estados Unidos de los años treinta, los de la Gran Depresión, en el que se entremezclan la miseria de las familias disfuncionales del Sur, cuando la vida estaba cara, los vagabundos, los polizones en los trenes, la separación racial de blancos y negros, la ley seca, los amplios espacios por los cuales viaja el tren y el hacinamiento de los circuitos de los hombres sin hogar. Y también el blues, el bluegrass, Memphis, y toda la música que alcanzó en aquellos años un estándar ya mítico; la leyenda de Robert Johnson, el músico negro de blues que vendió su alma al diablo, se apropia de la historia, y la envuelve en una pátina tan fantástica como sugerente. La presente edición, integral, permite disfrutar de esta obra reuniendo los tres tomos en que apareció originalmente, en un libro muy cuidado y que gusta tener físicamente entre las manos. Noto, sin embargo, que hay cierto desnivel entre los dos primeros tomos, guionizados por Philippe Thirault, y el tercero y último, por Stéphan Colman —un servidor disfrutó más de los de Thirault—, pero la atención y el ritmo se mantienen constantes a un alto nivel a lo largo de los casi dos centenares de páginas que consta la obra reunida. Un gran cómic, en definitiva. (Carlos Cruz, 16 de marzo de 2015)

hace 3 años