Resumen

Para el protagonista de esta historia, la puerta en el muro es auténtica, y permite, a través de un mundo tan real y verdadero como el ladrillo y la madera, acceder a una realidad inmortal. El aire, allí, resulta extrañamente estimulante, la juventud está siempre presente, la belleza aparece por todas partes y la alegría arropa al visitante. ¿Existe, realmente, este jardín encantado capaz de enfrentarse a la tediosa existencia diaria?

2 críticas de los lectores

9

Este relato nos habla de una puerta con la que está obsesionado el amigo del narrador, una puerta que atravesó de niño y nunca ha vuelto a olvidar. ¿Qué hay detrás de la puerta? Eso no os lo voy a desvelar, je,je,je, tendréis que leer el relato que está muy bien escrito y es muy corto. Una puerta hacia otro mundo quizás mejor, quizás idealizado, o no. Mejor que lo comprobéis vosotros mismos atravesando la puerta. Os lo recomiendo.

hace 1 año
9

Hay algunos relatos que ya sea por la historia que cuentan, por el estilo narrativo o por una percepción propia, particular, y posiblemente única, nos produce una pasión violenta, nos remueve algo en nuestro interior, nos conmueve especialmente; "La puerta en el muro" de H.G. Wells, es uno de esos ejemplos. Ya en "La isla del doctor Moreau" Wells manifiesta su comprensible horror hacia la maldad ejercida cobardemente por los humanos hacia los animales; torturas, vivisecciones, realizados en aras de la ciencia. La violencia y el puro horror de la putrefacta mente aniquiladora del hombre, la meta de oro sin reparar en los medios con que se llega hasta ella - cuando claramente y como bien dijo Huxley "El fin no justifica los medios, ya que los medios empleados determinan la naturaleza del fin"- son parte elemental de la preocupación de Herbert Wells. En este relato, detrás de una puerta verde, cruzada por una enredadera carmesí, brillante por la luz ámbar del sol, se esconde un paraíso donde la vida es más liviana, más dulce, más placentera. Más allá de los paisajes maravillosos, del grupo de nubes recortadas por el límpido cielo azul, se adivina algo más profundo, más hondo, que determina y explica la sensación de felicidad, algo mágico que se siente en el aire de ese edén fantástico. Vale esta aclaración, porque la belleza y la paz de este jardín (donde las fieras son mansas, buenas y dulces - como en los primeros tiempos de la creación) no es de orden estético, visual, sino que se manifiesta desde el interior, desde las entrañas, desde la paz y bondad que como un mágico hechizo se adueña del que cruza esa puerta pintada de verde y donde se arrebuja la total y completa felicidad; donde se prescinde del tiempo, de los apuros, de la vergüenza, donde uno puede vivir, respirar sin que cueste trabajo, sin sentir ningún tipo de opresión, ni fastidio, ni cansancio. La vida como sería si no tuviéramos cuerpo, sin fuésemos solamente un alma perceptiva, sin dolores, sin angustias; viviendo como en un bello sueño, eterno (donde no se siente el peso terrible del tiempo) y genial. Hay un marcado contraste en el relato. Por un lado, el hombre que cruza la mágica puerta - la cuál se le aparece solo tres veces en su vida y en diferentes edades de maduración - donde se esconde el jardín fabuloso; por el otro, la vida ordinaria, pletórica de las emociones naturales y comunes a todos, de beneficiosos ascensos laborales y del éxito de una carrera profesional, amistades con quién compartir charlas y cigarros y bebidas, el amor y "el calor" de la familia, en fin, todos los goces con sus inherentes penas y tristezas de la vida de la vigilia que todos conocemos. Cada vez que leo este relato "quisiera hacerle cambiar" de decisión a Lionel Wallace; pero entiendo que este mundo repleto de bellezas pero castigado por horrores impensados (he visto cosas en internet que me perforaron el alma, cosas tan increíblemente malvadas contra los más puros seres de esta tierra - animales, insectos- que me revuelve el estómago cada vez que las recuerdo) es más atractivo que vivir en un perpetuo sueño de dorado, en jardines perfumados y musicalizados por el suave fluir de las puras aguas, donde los animales "salvajes" son tratados con dulzura y donde ellos mismos son tiernos y amables. Tal vez el daño que me produce este cuento se deba a un sentimiento muy fuerte que crece dentro de mi, desde tan chiquito, desde que metía la cabeza dentro de la mochila y lloraba cuando una maestra me pedía "el cuaderno de comunicaciones" a los gritos - las mismas que nada decían a los revoltosos; cuando formaba fila en el patio gris, en invierno, que olía a hojas quemadas, y el viento helado me quemaba la cara y cantaba el himno nacional sin alegría y hasta con ira y rechazo, queriendo estar mejor en casa, en el calor de mi hogar, con mis padres, esperando en realidad y sin saberlo aun, encontrar la puerta verde de Wells, la ansiada puerta donde las malditas enfermedades y la maldad no existen, donde la envidia, el horror no penetra. Sólo la vida, así de simple, despojada de sus ropas sucias y malsanas, quedando en una tierna y suave y limpia piel, que revienta de felicidad, por el mero hecho de existir.

hace 4 años