LA OPCION WESSER LIMONES, RAFA

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Resumen

La opción Wesser narra la historia ficticia de una familia judía de clase media en el Berlín de los años treinta. Dejando atrás la Primera Guerra Mundial, Alemania se adentra de nuevo en un ambiente hostil con la llegada del crack del veintinueve desde Estados Unidos, y con la llegada al poder de Adolf Hitler. El pueblo, no tardara en comprobar como la represión del partido nazi, es mayor con el paso del tiempo, por lo que el cabeza de familia, Atzel Wesser, decide enviar a sus dos hijas a estudiar fuera de Alemania. No pasa mucho tiempo cuando las dificultades en la comunicación se hacen evidentes, es entonces cuando la hija mayor de los Wesser, Dana, sale de Inglaterra con la intención de reunirse con su familia. Su padre, se ve envuelto en una operación política al mas alto nivel para detener el ascenso del partido nazi. Lo que la joven Dana encuentra en su regreso a Alemania no le hace presagiar nada bueno, comienza entonces una cruzada para intentar salvar a su familia de la corriente antisemita del país. Dana llegara a contactar con la resistencia en Berlín y en un intento desesperado por llegar hasta los suyos, se sumara a la causa nazi. Acción, política, amor y desencuentros en un libro que contiene datos reales mezclados con la ficción, donde se narran de forma clara y directa los hechos que llevaron a Hitler al poder, hasta las primeras noches de la invasión de Polonia.

1 críticas de los lectores

7

TÍTULO: La opción Wesser. AUTOR: Rafa Limones. EDITORIAL: Ediciones Labnar (2017). PÁGINAS: 358. GUSTARÁ: A los que reflexionan sobre los actuales lodos con severas inquietudes por los polvos que los han originado. Lectores que se plantean cuál es su lugar en la Historia, siempre cíclica, cruel y deshumanizada. NO GUSTARÁ: A una mayoría social que piensa que vivimos en la bonanza de la cúspide del desarrollo social e intelectual y que los errores del pasado fueron causa de una minoría de personas anticuadas. Ignorantes del siempre acechante “Homo Homini Lupus“. RESEÑA: La Historia fija el 1 de septiembre de 1939 antes de la llegada del alba, como el punto de no retorno del comienzo “oficioso” de la II Guerra Mundial. Aunque existieron una serie de hostilidades anteriores, como la ocupación de Checoslovaquia, Bohemia, Moravia, etc, es con el pacto de no agresión entre alemanes y rusos del 23 de agosto del mismo año y la entrada de las tropas alemanas en territorio extranjero con la icónica foto de los soldados apartando la barrera de la frontera polaca con la que se abre el telón del Holocausto (el ministro de propaganda Joseph Goebbels ya apuntaba entonces maneras hacia los nuevos medios de comunicación de masas que se instalarían a finales del siglo XX. La tirada de octavillas desde los aviones ya no era suficiente). Aprovechando que la RAE recientemente ha adoptado en su diccionario el término “posverdad” podemos asegurar que Goebbels, aunque no por ese nombre, ya lo conocía. En uno de sus preceptos del decálogo de propaganda nazi explica el principio de vulgarización “La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentadas una y otra vez desde diferentes perspectivas pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas”. De aquí viene también la famosa frase: “Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad”. En el cine nos han contado repetidamente las consecuencias de la II Guerra Mundial. En un primer momento desde un punto de vista puramente bélico, donde la población civil es obviada en aras de explicar el relato de los ganadores. Épicas batallas, victorias (y pocas derrotas), sangre, sudor y lágrimas (nazis en la mayoría). Este relato acentuaba el glorioso triunfo, no solo contra un rival militar, sino sobre el fanatismo, la autocracia y la creencia en una supremacía eugenésica de un caudillo omnipotente que quiso construir un Reich de mil años, pero que solamente le duró poco más de diez. (Nunca sabremos si con unas decisiones militares más acertadas, incluso lo pudo haber conseguido. Es Historia-Ficción). Más tarde, el cine nos trajo las consecuencias de la guerra, más allá de la valentía de los “Doce del patíbulo“, “El desafío de la águilas” o “Los cañones de Navarone“, había un mundo cruel y sanguinario que quedaba marginado. Cuando se mostraba un campo de concentración era de manera parcial y edulcorada, como en la “La gran evasión” o ” Evasión o victoria“. Entonces llegó Steven Spielberg y cambió nuestra mirada para siempre con la brillante “La lista de Schindler” donde nos enfrentó, no solamente a los horrores de la guerra (que ya conocíamos), sino a los horrores de la malignidad del género humano y a su falta total de piedad y escrúpulos con sus semejantes. Después del sopapo del realizador estadounidense vinieron muchas otras películas notables que relataban el Holocausto, como “El pianista“, “La vida es bella“, “El niño con el pijama a rayas” o la brutal y angustiosa en grado sumo, “El hijo de Saúl“. Todo se nos ha narrado anteriormente, ya sea desde la trinchera o desde el campo de concentración. Pero hay algo que por ser menos cinematográfico no ha llegado al gran público en la abundancia que debería. Esto es, ¿el por qué? ¿Qué ocurrió para romper la convivencia pacífica entre judíos y sus convecinos? (que hoy en día podrían ser de cualquier otra etnia, pueblo, raza o religión), ¿cómo fueron degradando y humillando a un pueblo próspero y trabajador? Aquí entra Rafa Limones para explicarnos el alcance de las políticas maledicentes y denigrantes de culpabilización y victimismo que llevadas al límite apuntan con el dedo el odio sobre las personas a las que son orientadas estos dardos venenosos. Un ejemplo muy claro lo tenemos en pleno siglo XXI en Cataluña. El autor nos presenta a una familia judía, próspera, acomodada y perfectamente integrada en la comunidad berlinesa de 1930 a la que el infortunio de la guerra y la persecución hará caer en el peor de los infiernos posibles. Ya nada será como antes. Curiosa reflexión para los lectores que, acomodados en nuestros sillones, pensamos que la vida nos trata con respeto y delicadeza y no nos damos cuenta de que el demonio acecha en cada esquina y, sobre todo, en cada despacho enmoquetado de gobernantes faltos de neuronas pero sobrados de músculo. Periódicamente aparecen pequeños Führers dispuestos a cercenar la libertad de sus semejantes en una descerebrada carrera dictatorial. El problema no es tanto el individuo particular, sino la generalidad de la mente colectiva que jalea sus soflamas, apropiándose de un discurso violento y excluyente. El autor toma valientes decisiones narrativas sobre el destino de sus personajes. En unas circunstancias excepcionales en las que la locura se ha adueñado de una sociedad abducida por los mensajes sectarios de Adolf Hitler, la familia Wesser se encontrará con su destino. Es en estos momentos cuando conocemos el verdadero calibre de la sensibilidad humana. La guerra pone a cada uno en su sitio. Los héroes no son aquellos que se enfrentan a las bayonetas a pecho descubierto, sino los que reorientan el sentido de dichas bayonetas del pecho de sus vecinos al suyo propio. Mientras los cobardes (la mayoría), morderán el mendrugo de pan que les ofrece el oficialismo imperante a cambio de poder respirar un día más, aunque ese día sea vapuleado a yugo, fuego, pico y pala. A lo largo de este vasto panorama, echamos de menos un mayor detenimiento en la Alemania de la época, en paisajes, vestimentas, ambientación, inclusión en datos históricos de mayor calado, etc. Si bien es verdad que esto es una apreciación subjetiva en la que cada uno puede interpretar de diferente manera y que a muchos incluso aburriría. Tenemos personajes secundarios que podrían haber tenido mayor recorrido, más mala leche e incluso un final más acorde con su “hijoputismo“. Desde luego el de uno de ellos es del todo épico (quizás algo complejo de amoldar a la realidad) pero épico al fin y al cabo. Nadie puede permanecer impasible a esta historia. Cuando llega el horror, la familia es el único abrigo posible ante la barbarie. Quedémonos pues con dos mensajes. Mantener siempre la atención a nuestro alrededor sobre los comportamientos “supremacistas”, elitistas y violentos (una simple pintada en un comercio o un “escrache” es el germen del mal que vendrá a continuación). Y en segundo lugar, llegado el funesto momento, mantener siempre la esperanza y la fuerza para seguir caminando entre la oscuridad de un valle de lágrimas. Atzel Wesser nunca pensó que lo que veía a su alrededor estuviera pasando realmente. Nosotros debemos estar advertidos para cercenar de raíz cualquier atisbo de situaciones parecidas antes de que se vuelvan irreparables. Por que todos sabemos que periódicamente siempre aparece algún personajillo con ínfulas de caudillo, que aun cambiando el discurso para ocultar sus verdaderas razones, edulcorando sus formas y meciendo galantes sonrisas de manual de estilo, su poso de aroma pestilente se aprecia siempre en la distancia. Los Wesser bien merecen ser regalados por Navidades.

hace 10 meses