Resumen

La dama y el recuerdo. En un remoto pueblo de Kansas, Jackson, se cruzan los destinos de varios personajes. Unos atracadores irrumpen en el banco del pueblo y matan a sus trabajadores. Una vez con el dinero en los bolsillos, se dirigen al saloon, donde las chicas los aguardan para ofrecerles sus servicios. Pero se encuentran con algo que no esperaban: Taylor, pistolero legendario que tiene un objetivo: acabar con Ford, el cacique del pueblo, representante del Gobierno y encargado de las negociaciones con los indios para la cesión de sus tierras, que tiene comprado al sheriff del condado y atemorizados a todos sus ciudadanos. La amante de Ford, Lena, es una mujer despiadada que no se detendrá ante nada ni nadie para hacerse con el poder, su única ambición. Lancaster es un cazarecompensas al que le descubriremos buen corazón. Ketty River, la dama del título, la mujer más hermosa y con más clase del pueblo, utiliza otro nombre para ejercer con mano de hierro de jueza en la capital, Kansas City. Ketty llevará a cabo su venganza contra Ford (por haber sido violada en su juventud por él), que la acabará materializando el niño al que Taylor había salvado la vida junto a Fedra, una joven preciosa con la que acabará compartiendo su vida en la casa donde había vivido con su anterior mujer, asesinada por los hombres de Ford.

2 críticas de los lectores

Imposible dejar de leer una vez terminado el primer capítulo, estamos ante una novela del Oeste con el sabor añejo de las novelas de antaño pero escrita en la actualidad. Una vez terminada nos daremos cuenta de que no estamos ante un "novelón", pero se nos habrá pasado el tiempo "volando" y nos dejará el regusto de las novelas de literatura popular con las que crecieron muchos. ¡Lástima una menor carga violenta y erótica que la hubiera convertido en apta para todos los públicos! (J.G.F.)

hace 8 años
3

Malo de solemnidad. De adolescente leí bastantes libros de Silver Kane porque en casa de mi abuela y de mi tío no había más que libros del oeste, que se prestaban o intercambiaban por "una perra" en los kioskos. Entre ellos, los que más me gustaban eran los de Silver Kane, muy por encima de los de Marcial Lafuente Estefanía -el autor favorito de mi tío-, pero de todos modos ya entonces creía que eran libros de serie C, D ó X. Que González Ledesma supiera vivir de ese cuento no dejaba de tener su mérito si le sirvió para pagarse los estudios y abrirse paso en la vida; pero que ahora quiera hacer de la reincidencia virtud con una obrita que resulta incluso anacrónica ya es caer en el patetismo más atroz.

hace 8 años